
Con sus 3.144 metros de altitud, el Balaitús se alza como una de las cumbres más icónicas del Pirineo, siendo el primer tresmil desde el extremo occidental de la cordillera. La ascensión al Balaitús con guía es una travesía exigente a través de un laberinto de aristas afiladas que le confieren un carácter único.
Esta imponente mole de granito marca el inicio del primer cordal pirenaico en superar los 3.000 metros, y su silueta inconfundible lo consolida como una de las montañas más emblemáticas de todo el Pirineo.
Desde su cima, las vistas son absolutamente espectaculares. Se puede disfrutar de una panorámica que incluye el macizo del Vignemale, la cumbre del Aneto, los picos de la Sierra de Partacua y el Monte Perdido.
El tramo final de la ascensión por su gran diagonal es una arista aérea que exige toda nuestra concentración y destreza, pero el esfuerzo se ve recompensado con la satisfacción de alcanzar la cumbre y contemplar un paisaje único.
Tarifas por persona para un grupo completo. Otras opciones consultar.
El origen más aceptado de su nombre proviene del occitano gascón vath (valle) y leitosa (lechosa). “El Valle de la Leche” hace referencia a los abundantes prados y rebaños vacunos que hasta hoy caracterizan toda la zona, especialmente en su vertiente francesa.
En el siglo XIX, el Balaitus —conocido entonces como Marmuret— tenía fama de ser una montaña inaccesible. Incluso el famoso explorador Henry Russell lo llamó “el Cervino del Pirineo”.
Los primeros en intentar subirlo fueron los geodésicos Peytier y Hossard, en julio de 1825, pero una espesa niebla los desvió sin darse cuenta hacia el Pico Palas (2.974 m), al que coronaron por error. Por eso, una de las rutas actuales del Palas lleva el nombre de Arista de los Geodésicos.
Poco después, el 8 de agosto de ese mismo año, y en su tercer intento, los cartógrafos consiguieron finalmente alcanzar la cima del Balaitus por la vira Beraldi, subiendo desde el glaciar de Néous.
Años más tarde, el conde Russell ascendió por la cresta occidental, a la que llamó Packes-Russell, y la describió como “una escalera de agujas cuyo espantoso caos lleva a la cumbre”.
El Balaitus ha atraído desde entonces a numerosos alpinistas y aperturistas, ofreciendo múltiples combinaciones para alcanzar su cumbre. Sin embargo, la ascensión más practicable —siempre y cuando no haya nieve— es por la Gran Diagonal Oeste y los lagos de Arriel. Este itinerario asciende por una gran vira oblicua de roca algo inestable, finalizando en un corto muro (II) que da acceso al cresterío final.
La ascensión en el día al Balaitús es bastante exigente físicamente, pudiendo realizar la actividad en dos días.
Otra forma de ascender al Balaitús es por la Brecha de Latour. Esta ruta se dirige hacia el Col de Latour o el Collado de Latour, una depresión natural que se forma entre las crestas del Balaitús y el Pico de Latour, situada a unos 3.060 metros de altitud. Desde aquí, se comienza a ascender por la Brecha de Latour, una característica abertura en las rocas que conecta las dos vertientes de la montaña, permitiendo el paso hacia la arista final del Balaitús.
También se puede subir escalando por su cara sur, con un granito de alta montaña de gran calidad. Vías como Augerot-Olivier o Espolón Elegante son sin duda algunas de las mejores opciones.
Pero sin duda una de las actividades reina en los Pirineos es llegar a la cima del Balaitús por su cresta oriental, conocida como Cresta de Costerillou o si tienes mucha experiencia en este terreno se puede alargar y escalarla desde el pico Cristales, haciendo la famosa Diablos-Costerillou al Balaitus, quizás la cresta de más envergadura del Pirineo.
Si prefieres uno de estos itinerarios, llámanos y buscaremos la mejor ruta para ti.