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Viaje a Nepal

El objetivo era claro, montar nuestros traseros en un avión que nos depositara en la capital de Nepal, Kathmandú, para ir hasta Thulo Syabru, donde daría comienzo un trekking que recorrería el Valle de Langtang hasta el pueblo a mayor altura, Kyanjing Gompa (3.800m). Desde allí tendríamos a la vista dos objetivos más: ascender a la cumbre del Kyanjing Ri (4.700m) y al Tserko Ri (5.000m) y vuelta para abajo.

Nuestro plan estaba previsto para noviembre de 2025. Yo acababa una temporada de trabajo en el Pirineo exhausto, nada fuera de lo habitual; dos viajes a Dolomitas, algunos trekkings de varios días, muchas ascensiones, escaladas y algún barranco. 

El grupo de ocho integrantes ya estaba completo y sólo faltaba que se conocieran entre ellos. Acudían de varios lugares de España: cinco de Madrid, una Ávila y dos de Asturias. Eran mayormente amigos míos que conocía bien de tiempo atrás y anteriormente ya habíamos hecho alguna actividad juntos.

He de decir que estaba seguro que el grupo funcionaría a la perfección, aunque me encontraba tímidamente expectante hasta verlos a todos juntos y “en faena”.

LOS PREPARATIVOS

Meses antes de partir hacia el país del Himalaya, les hice llegar unos vídeos donde un servidor, luchando contra mis inseguridades delante de una cámara, explicaba a lo largo de una serie de 13 capítulos varios temas acerca de calcetines, pantalones, mochilas, calzado… La premisa para mí era clara: como máximo 10 min de vídeo y sin cortes, a pelo. Y así lo hice. Unas risas…

En septiembre, dos meses antes de marchar les propuse una quedada todos juntos en el Pirineo y les plantee el objetivo de ascender al Posets en dos días haciendo noche en el refugio de montaña de Ángel Orús, propiedad de la FAM. Dudaba que todos pudieran, ya que venían algunos desde lejos pero me sorprendió la predisposición que todos presentaban, esto pintaba bien.

El Posets en dos días haciendo pernocta en el refugio podría ser una buena prueba para ver la dinámica del grupo y ver también en que estado de forma se encontraba cada uno. Levantarse, ponerse en marcha, el desayuno, las cenas, hacer mochilas, deshacer mochilas, caminar, estar cansados, parar… rituales que en algunas semanas serían nuestro día a día y que si todo fluía sería clave para que el desarrollo del viaje fuera ideal.

No me voy a extender mucho en explicar como fue el desarrollo de esos dos días ascendiendo al Posets, el Virrey del Pirineo; sólo decir que el éxito del viaje estaba asegurado. Lo que predominó durante esos dos días fueron las risas, el compañerismo, la paciencia, las risas, la amabilidad, la complicidad, más risas…

No es que estuviera preocupado por como se llevarían entre ellos pero he de decir que después de aquella ascensión respiré tranquilo y no volví a pensar ya nunca más en cómo funcionaria el grupo una vez juntos. Lo cuál tenía rienda suelta en mi cabeza para preocuparme de otras cosas, que no eran pocas.

LA LLEGADA DEL GRUPO

Era mi primer viaje a Nepal con un grupo propio. Había estado en Nepal un montón de veces, conozco bien el país y tengo a grandes amigos allí. Allí he estado escalando, subiendo montañas, trabajando en una ONG, dando clases en un colegio o simplemente conociendo el país… me muevo bien por allí. Quién me conoce bien dice que es un país hecho a mi medida: hay un cierto caos controlado, no abundan los cumplidos, la simplicidad es su mayor exponente, el formato standard de la cerveza es de 650ml y se alimentan dos veces al día de Dalbath, la comida típica de allí, durante toda su vida… una vida sencilla en un lugar complejo. 

Pues conociéndomelo todo tan bien como cada tecla de este ordenador que tengo aquí delante, decidí irme diez días antes a Nepal para tantear el terreno antes de que llegara el grupo. Fue muy curioso porque, sin estarlo planeado, coincidimos allí viejos amigos que allá por 2015 nos habíamos conocido cuando fuimos a darlo todo después de aquel devastador terremoto que asoló el país. Y justo fue para esas fechas en las que aterricé yo este 2025, por lo que sin comerlo ni beberlo allí estábamos diez años después un puñado de buenos y viejos amigos celebrando un décimo aniversario caído del cielo. La magia del país, diez años después aún perdura…

Bueno, pues en esos diez días yo aproveche para hacer el mismo trekking en formato express, comprobar que las carreteras seguían donde estaban, los amigos seguían en sus pueblos, que sus casas seguían en pie y que todos gozaban de buena salud. También aproveché para ver que tal se estaba portando el otoño en cotas más altas, sorprendiéndome las temperaturas suaves que predominaban en la montaña y la poca innivación que sus cumbres portaban. Hacía sol y durante muchos días seguidos… recuerdo cruzar los dedos para que esa tónica durara el tiempo en que el grupo estuviera allí. También aproveché para comprobar de nuevo la baja calidad del formato de 650ml del barrio de Thamel.

Fue alucinante porque desde que aterricé en Kathmandú, me fui a reconocer el trekking y volví a la capital fui en manga corta y no vi ni una nube ningún día. Ahora, al día siguiente de volver calló la monumental durante ya los días que quedaban hasta que llegó el grupo. La verdad es que estaba cagado con esa fuera la tónica de los 14 días que teníamos por delante. Lo hablaba con Mahendra, el dueño del hostal donde me alojaba en Kathmandú, y con su inborrable sonrisa me miraba dulcemente y me decía: “Don´t worry brother, every thing Will be nice, sure”. Y joder, así fue, el día que llegaba el grupo dejó de llover y salió el sol. Recuerdo siempre una frase que allí se dice mucho que es “Everything is posible en Nepal”, desde que salga el sol hasta que fuertes inundaciones acaben con pueblos enteros… pero esta vez los Dioses estuvieron de nuestra parte.

Me preocupaba un poco como habría quedado la montaña después de las lluvias y pregunté a Nurpu, un buen amigo que vive en el pueblo de mayor altura del Valle de Langtang y me decía que “Everything White in the mountains”. Así que tocaba cambio de planes, los imprevistos típicos del país!.

Los días previos a salir hacia el trekking las típicas compras por Thamel y algún imprevisto más; el día que llegó el grupo a Kathmandú era ya de noche y yo les esperaba en el aeropuerto con un super taxi de 12 plazas para dirigirnos al hotel. Llegamos al hotel con toda la excitación del mundo y descargamos todas las maletas, o eso creíamos, en la recepción antes de que le asignaran a cada uno sus habitaciones. Pues cuando ya cada uno se iba a ir a su habitación oí una voz que decía continuamente: ¿Habéis visto una mochila azul?, y esa pregunta cada vez se repetía con más frecuencia y con un tono de voz cada vez más alto. Me acerqué hasta donde estaba “A” y efectivamente, le faltaba una mochila. Aseguraba haberla echado al taxi por lo que lo más probable era que se hubiera quedado allí. Era tarde, estaban cansados, llovía ligeramente y en las calles de Kathmandú no abundan las farolas. “A” daba por perdida la mochila pero ese tipo de incidencias en Nepal tienen fácil solución. Fue tan fácil como conseguir el teléfono del taxista, llamarle para que se esperara donde estuviera y pedirle al recepcionista del hotel que me acercara con su moto hasta donde se encontrará el taxista. Afortunadamente, para el 80% de las personas de Nepal su medio de transporte es la moto, por economía y fluidez a la hora de discurrir entre el caótico tráfico de la capital. Me sorprendió el motarrón que tenía el joven recepcionista del hotel que me llevó hasta el taxista con una Royal Einfield que parecía recién sacada de una película de la Segunda Guerra Mundial. En poco más de 15 min “A” tenía de nuevo su mochila azul con todas sus pertenencias intactas. “Everything is posible in Nepal” le decía yo con una media sonrisa en mi rostro.

EL TREKKING

Por fin salimos para la montaña!. El trayecto hasta nuestro punto de partida, la población de Thulo Syabru, se desarrolló sin problemas. El 4×4 que nos llevó fue conducido magistralmente por Nima, que dejó boquiabiertos al grupo en varias ocasiones. Después de 7 horas, muchos controles militares y muchísimo barro llegamos a destino. Allí nos esperaba con su eterna sonrisa Temba, que nos ayudó a descargar las maletas para llegar en poco más de tres minutos a pie a su dulce Guest House.

Dalbath correspondiente y a dormir. Al día siguiente, organizar porteadores, peso, maletas, mochilas… (me encanta trabajar con esta gente) y en marcha. El paisaje era alucinante, las lluvias habían dejado una atmósfera limpia y azul, las cumbres estaban muy nevadas y la temperatura era suave, suficiente para ir con una ligera manga larga. Por el camino mucho té, charlas, sonrisas, dalbath, ríos a tope, una vegetación exuberante, monos y abejas del tamaño de un dedo meñique. Un flipe, como siempre.

Los lugares elegidos para las pernoctas eran pequeñas casa de huéspedes de familias ya conocidas por mí en años anteriores. Ya tenía las reservas hechas de cuando estuve reconociendo el trekking días antes por lo que teníamos en la mayoría de pueblos la casa para nosotros solos, ya que son casa de familias para capacidad de máximo 10 personas, y nosotros éramos 9. Estuvimos como en nuestra propia casa, y en mi caso a veces incluso mejor.

Las jornadas fueron suaves, no más de 1.000m de desnivel positivos y no más de 10km de distancia. Fuimos despacito para ir aclimatando, bebiendo mucha agua, permaneciendo días largos en el bosque, para ir oxigenando al máximo nuestros pulmones antes de sobrepasar la mágica cota de los tres mil metros.

El grupo fue el mejor grupo jamás soñado por ningún guía, una maravilla. Permanecían atentos a las explicaciones, se ayudaban entre sí, disfrutaban a cada paso y te lo hacían saber, todo les parecía mágico, interactuaban con educación y respeto con los locales, disfrutaban descubriendo nuevos platos de comida… Y por las noches muchas risas, mil historias y mucha complicidad entre todos.

Llegamos a Kyanjing Gomba a 3.800m y teníamos un día de descanso por delante para acometer las dos ascensiones que teníamos previstas. El grupo aprovechó para hidratarse bien, estirar las piernas, hacer fotos, comer unos dulces en la “Bakery” de Dorje, quien prepara dulces y tartas al más fiel estilo tibetano y visitar la quesería que construyeron en los años ´70 y comprar queso de yak. Yo aproveché para conseguir crampones para el grupo, ya que estaba todo helado y me habían dicho que había alguna placa de hielo en las ascensiones. Así que me tocó organizar un itinerario seguro y cómodo para alcanzar la cumbre de ambas montañas. Un día entretenido. 

Me resulta difícil contar las dos ascensiones que nos quedaban… Hay que tener en cuenta que esto para muchos del grupo era un reto muy importante. Se habían estado preparando concienzudamente durante meses, se habían esforzado en sacar tiempo entre su trabajo, familia y obligaciones, habían invertido dinero en la aventura y sobre todo; habían puesto en el asador lo mejor de cada uno de ellos para conseguir lo que buscaban. Siendo así os podéis imaginar el resultado en cada una de las dos cumbres que coronamos TODOS y cada uno del grupo. Hubo muchas lágrimas y muchas palabras de agradecimiento, muchos abrazos, innumerables palabras de ánimo entre ellos, y yo, que estaba allí intentando gestionar la seguridad y la integridad del grupo estaba atónito y sobrecogido por la lección que me estaban dando este grupo de guerreros y guerreras. Así que lo voy a intentar resumir en una sola palabra: INSUPERABLE.  

Bajamos de vuelta a Thulo Syabru por el mismo sitio de subida con un resacón del quince y con una sonrisa de oreja a oreja. Se respiraba la típica quietud después de haber conseguido un gran objetivo y el ambiente era dulce y alegre.

LA VUELTA

Nima nos volvió a dejar boquiabiertos con su conducción de vuelta al hervidero del Kathmandú. Y disfrutamos de dos días de turismo en vaqueros por la capital. Visitamos Bakhtapur, Patán, Pashupati, Suayambu, Durbar Square y Boudanath. Disfrutamos de música en directo por las noches, buenas cenas que no fueran dalbath, bailes y finalmente el formato de 650ml no nos parecía tan deplorable en cuanto a la calidad de su interior.

EL GRUPO

Me gustaría crear un apartado donde pudiera nombrar al grupo, hablar de él, y es este. 

En este tipo de viajes nunca sabes a lo que realmente te enfrentas. Hay muchísimos factores con los que es imposible contar. Para un guía de montaña esto es duro, porque intentamos siempre planificarlo todo al máximo y contar con todas sus variables. Y en un lugar como Nepal las variables se multiplican por mil. Así que el nivel de incertidumbre es alto y el estrés aumenta cuando quieres currarte algo que para el grupo sea inolvidable.

Pues gracias a este grupo tan maravilloso que he tenido la suerte de guiar por el Himalaya, he podido centrarme en todas esas variables y focalizar mi atención en factores que podían hacer que todo funcionara mejor. Y eso ha sido porque entre ellos han sabido funcionar como equipo.

Recuerdo que entre todas las cosas que les pedí al principio del viaje les hice una petición muy importante y enfaticé mucho en ello, y fue que intentaran FUNCIONAR TODOS JUNTOS COMO UN EQUIPO. Y joder, que enserio se lo tomaron. Que entre ellos se respaldaran tanto a mi me dio rienda suelta para enfocarme en facilitarles cada día al máximo en la medida de lo posible. Y eso se nota, en ambas direcciones.

Para mí ha sido toda una experiencia que he tenido la suerte de poder compartir con gente maravillosa, y si no hubiera sido con ellos no hubiera sido para nada igual, por lo tanto, me siento afortunado de haber formado parte de algo único e irrepetible.

Nepal es un lugar tan mágico como sobrecogedor y si a eso le sumas un grupo inmejorable hace que la experiencia se convierta en algo épico que siempre permanecerá en nuestros corazones.

p.d. Podríamos haber no ido y nada de aquello habría sucedido, así que gracias por atreveros.  

PRÓXIMOS VIAJES

Volvemos en otoño de nuevo, pregunta por fechas. Si te animas apúntate y vive la aventura!!!!   

Sobre nosotros

Somos una cooperativa de guías de montaña, barranquismo y escalada, afincada en el corazón del Pirineo, el Sobrarbe. Nuestra pasión es explorar los entornos más salvajes, realizando actividades que no solo desafían nuestros límites, sino que también promueven el respeto por la naturaleza y cultivan la pasión por los deportes de montaña. Cada expedición es una oportunidad para aprender, superar límites y crear recuerdos imborrables.

¡Únete a nosotros y recorre el valle de Langtang  con guias expertos en Nepal!

Autor de la entrada: Alfonso Puerta, guía de media montaña, escalada y barrancos en la Cooperativa de Guías del Pirineo.

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COOPERATIVA GUIAS DEL PIRINEO
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