
La zona alta del valle de Tena es un lugar privilegiado para disfrutar del invierno en plena montaña. Desde el entorno del Portalet, a más de 1.700 metros de altitud, se extiende un paisaje abierto y cubierto de nieve que invita a recorrerlo con raquetas.
La ruta hacia los ibones de Anayet sigue un suave valle de origen glaciar que asciende entre laderas redondeadas y planicies nevadas. A medida que ganamos altura, el horizonte se amplía con las siluetas del Midi d’Ossau, el Anayet y el Balaitús, tres gigantes del Pirineo.
El recorrido no presenta grandes dificultades y es perfecto para quienes buscan una excursión tranquila pero con grandes vistas. Al llegar a los ibones —congelados en invierno—, el paisaje invernal resalta por el contraste entre el hielo, la nieve y las montañas.
La ruta comienza detrás de la telesilla de Anayet.
Tomamos un sendero que sigue el curso del Arroyo Culivillas. Este tramo forma parte de la GR-11, la histórica senda transpirenaica que conecta el Mediterráneo con el Cantábrico a lo largo de los Pirineos.
Desde el inicio, se pueden apreciar varios picos destacados:
La ruta se une al sendero que viene de La Glera, manteniéndose dentro de la GR-11. Un pequeño repecho de 120 metros de desnivel, en zigzag, facilita la subida hasta los ibones de Anayet. Frente a nosotros destacan:
Estos picos corresponden a los restos de un antiguo volcán, cuya caldera se derrumbó parcialmente, similar al Midi d’Ossau, visible a lo lejos. Desde la base de los ibones, el agua fluye formando el río de la Canal Roya, afluente del Aragón, generando un paisaje natural muy sobrecogedor.
Tarifas por persona para un grupo de 8 personas. Otras opciones consultar.
El Pico Anayet con unos 2.574 metros, es en realidad lo que queda de un antiguo volcán del Pirineo. Las rocas que lo forman son oscuras y rojizas, muy diferentes a las calizas blancas que dominan otras montañas de la zona. Esas rocas cuentan una historia antigua donde hace millones de años, aquí hubo actividad volcánica.
A su alrededor hay ibones (lagos glaciares), praderas y zonas húmedas llamadas turberas, que son ecosistemas muy delicados y típicos de la alta montaña. Aquí viven especies muy adaptadas al frío y a la altura, como el tritón pirenaico. Es un lugar con una naturaleza muy frágil, y por eso hay que tener cuidado – por ejemplo, no acampar cerca de los ibones— para no dañarlo.
Y luego está el lado más visual: el Ibón de Anayet es espectacular. Está rodeado de montañas y, justo encima, se levanta el pico. En los días despejados se puede ver perfectamente el Midi d’Ossau, ya en Francia. Entre los tonos rojizos del Anayet, el blanco de la nieve sobre los prados y el lago congelado, el paisaje parece de otro planeta.
El valle de Tena combina montañas imponentes, ibones glaciares y extensos bosques de pino y abeto. El río Gállego recorre el valle de norte a sur, formando los embalses de Lanuza y Búbal. Durante el invierno, la nieve cubre el paisaje y el valle se convierte en un paraíso para practicar esquí, raquetas o simplemente disfrutar del silencio de la montaña. En las estaciones más cálidas, los senderos y lagos invitan a caminar, pedalear o relajarse junto al agua.
La excursión con raquetas de nieve a los Ibones de Anayet tiene un nivel medio, ideal para quienes buscan una ruta más larga sin llegar a ser técnica. El recorrido combina tramos suaves con algunas pendientes que permiten ganar altura progresivamente hasta alcanzar los ibones, situados a más de 2.200 metros.
Otras rutas por el valle de Tena son:
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