
Situado en el corazón de los Pirineos y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es el segundo parque nacional más antiguo de España. Ofrece magníficas vistas de las famosas paredes del Tozal del Mallo y del Gallinero, así como de las impresionantes cascadas del Estrecho, Soaso y Cola de Caballo.
El Valle de Ordesa, un valle glaciar, se caracteriza por su forma en “U”, fruto de la acción de antiguos glaciares, y por sus paredes verticales de caliza y arenisca, sus cascadas, bosques y praderas alpinas. Es uno de los paisajes más emblemáticos de los Pirineos, famoso por su biodiversidad y su riqueza geológica, así como por ser un destino histórico para el montañismo y el turismo de naturaleza.
Tras una nevada, el gran Valle de Ordesa se vuelve mágico: la nieve envuelve el paisaje creando una estampa única, convirtiéndolo en uno de los mejores destinos para contemplar el invierno en el Pirineo. Sus cascadas se congelan, produciendo instantes efímeros que toda la familia puede observar cómodamente sobre raquetas de nieve.
Este itinerario circular tiene una pendiente muy suave y combina la visita a hermosas cascadas con el recorrido por algunos de los bosques más espectaculares del Pirineo aragonés.
El recorrido comienza en la Pradera de Ordesa (1.300 m), que en invierno se convierte en un auténtico paisaje de postal, con árboles y montañas cubiertos de nieve.
Aquí nos calzamos las raquetas de nieve y seguimos la pista que asciende suavemente hacia el interior del valle, siguiendo el curso del río Arazas.
La ruta atraviesa un bosque invernal silencioso, mientras las grandes paredes del valle —como el Gallinero y las formaciones rocosas del Tozal del Mallo— se alzan a ambos lados.
La nieve bajo las raquetas hace que el trayecto sea suave, silencioso y muy agradable.
Continuando la ruta valle adentro, llegamos a la Cascada del Estrecho, un lugar de gran encanto. En invierno, el río Arazas suele presentar tramos helados que dan lugar a una impresionante caída de hielo encajonada entre las paredes del desfiladero. Es un lugar perfecto para detenerse y tomar fotografías antes de regresar por el mismo itinerario.
Quienes deseen prolongar la excursión también pueden alargar la ruta.
Tarifas por persona para un grupo de 8 personas. Otras opciones consultar.
El Valle de Ordesa se encuentra en el corazón del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en la comarca del Sobrarbe (Huesca). Fue declarado Parque Nacional en 1918, siendo el primer espacio protegido de los Pirineos y el segundo de España, gracias a su espectacular relieve glaciar, su biodiversidad y su valor paisajístico.
Su protagonista es el río Arazas, que recorre un profundo valle en forma de “U” tallado por antiguos glaciares. A lo largo de su curso, forma cascadas tan emblemáticas como la Cola de Caballo, las Gradas de Soaso o la Cascada del Estrecho.
Por encima de todo se alza el Monte Perdido (3.355 m), la tercera cumbre más alta del Pirineo y la montaña de caliza más alta de Europa. Junto a él, el Cilindro de Marboré (3.328 m) y el Soum de Ramond (3.263 m) completan el macizo que domina el paisaje central del parque.
Durante millones de años, el hielo y el agua han modelado este entorno, excavando también el profundo valle de Ordesa con su característica forma en “U” y paredes verticales que alcanzan más de 800 metros de desnivel, testigo del paso de antiguos glaciares.
Este conjunto geológico, reconocido por la UNESCO dentro del Patrimonio Mundial “Pirineos Monte Perdido” y el Geoparque Sobrarbe-Pirineos, conserva en sus rocas la historia de más de 500 millones de años, contada en pliegues, estratos y fósiles.
Durante siglos, el valle de Ordesa fue un lugar de paso y trabajo para los pastores de los pueblos en la zona. En verano, los rebaños subían a los pastos de altura, aprovechando los prados que cubren las laderas del valle y las faldas del Monte Perdido. Con la llegada del invierno, los animales descendían hacia zonas más bajas, siguiendo las antiguas rutas de trashumancia.
El pastoreo marcó el paisaje y la vida en Ordesa. Los pastores levantaron bordas y chozas de piedra donde guardaban el ganado o pasaban la noche, y abrieron caminos que hoy seguimos como rutas de senderismo.
Aunque hoy esta forma de vida ha cambiado, todavía se pueden ver rebaños de ovejas o vacas en los prados del parque, recordando una tradición que dio forma al valle durante generaciones. El pastoreo sigue siendo parte esencial de la identidad y la historia de Ordesa.
La ruta de raquetas de nieve en Ordesa es adecuada para todos los públicos. Los suaves desniveles permiten disfrutar de paseos de media jornada en los que el bosque y las cascadas marcan el ritmo del recorrido. Elegimos juntos la mejor ruta para disfrutar del valle.
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